“Hasta que cruces el puente de tus inseguridades, no puedes empezar a explorar tus posibilidades” –Tim Fargo (Escritor)

Observando a los niños, nos podemos dar cuenta que nuestra naturaleza es ser exploradores. A los niños les encanta descubrir, desarmar, ver cómo funcionan las cosas. Además les encanta salir de paseo, caminar, probar sabores nuevos, explorar; por eso son tan exitosos dibujos animados como “Dora la Exploradora” o la película “UP”.  Sin embargo, en algún punto de nuestras vidas nos volvemos monótonos y rutinarios. Empezamos a hacer todos los días lo mismo y no queremos que nada cambie; queremos que todo siga igual que siempre, y cuando algo cambia nos asusta. De cierta manera nos apegamos a un estilo de vida y nos apegamos a un entorno.

En la cultura del yoga hay practicantes (yogis y yoginis) que llevan la vida justamente tratando de evitar el apego a una rutina y para esto viven viajando, y como no tienen dinero para viajar en auto, tren, avión, o cualquier otro medio de transporte, lo hacen caminando.

Por otro lado, los monjes Budistas viven de la limosna de la gente o hacen trabajos temporales, justamente para no acostumbrarse a un ingreso y a un estilo de vida que dependa de este ingreso.

Decir que monjes, yogis, y yoginis son personas que decidieron entregar su vida a ese propósito y no todos estamos en un punto en nuestras vidas que nos permita hacer los mismo; sin embargo, nuestra naturaleza nos pide un poco de esa aventura y de explorar. De soltero recuerdo que alguna vez soñé con viajar por el mundo, luego, ya con familia se me ocurrió vivir en un yate de vela que nos permita navegar los océanos, y ahora últimamente, emular al Che Guevara y viajar en moto al menos por América del Sur. Pronto cada uno de esos sueños va bajando de nivel hasta que a veces me digo que al menos me debería permitir explorar los pueblos aledaños a Quito. Lo mismo veo en los estudiantes que practican yoga y me encanta preguntarles que hicieron el fin de semana. Algunos se van a visitar bosques, otros se van a las lagunas, otros se van a los parques, otros se van a las montañas, etc. Es decir la práctica del yoga despierta en sus practicantes ese afán de explorar, de salir de la rutina, de cambiar el día a día de alguna manera. Es así como hay prácticas de yoga en las que se concentran en un cierto número de posturas y secuencias como el Ashtanga o Bikram, y si bien estas prácticas parecen rutinarias, desarrollan mucho la cultura de la exploración, ya que si bien podemos hacer la misma postura mil o un millón de veces, cada vez podemos tratar de encontrar una nueva forma de hacerla o de descubrir algo nuevo en nuestro cuerpo que nos permita explorar la posibilidad de cambiar algo para lograr más en nuestro cuerpo y así lograr más en nuestra vida.

La postura de la semana es imaginarnos que nos sentamos en una silla (Utkatasana), lo más erguidos, elegantes, y verticales al cielo que nuestro cuerpo nos lo permita. Exploremos esta postura. De pronto podemos levantar una pierna y ponerle sobre una mesa, también imaginaria.

La tarea de la semana es explorar algo nuevo en nuestras vidas. Podemos salir de paseo, probar una nueva receta, cambiar nuestro estilo de vestir, cambiar de peinado, etc. Exploremos algún ladito de nuestro ser que haya estado recluido por algún tiempo y démonos la oportunidad de ser esa persona que trata de descubrir abriendo nuevas puertas en su vida.